En los artículos previos (el anterior puede leerse aquí) hemos reflexionado sobre las comunidades y sociedades de distintos tamaños. También sobre los mecanismos para resolver conflictos, es decir, ¿cómo gestionamos que dos individuos de una comunidad tengan desacuerdos?
En uno de los primeros artículos titulado Individuo, establecimos unos criterios muy sencillos de clasificación basados en la tendencia al colectivismo frente a la tendencia al individualismo, confrontada con la tendencia al materialismo frente a la tendencia al idealismo.
Como idea intuitiva podríamos asumir que los individuos colectivistas serás más sencillos de asimilar en comunidades y sociedades, dada su tendencia natural a defender al grupo (el colectivo) en vez de a los individuos particulares.
⚠ Esto puede no ser cierto (hay individuos colectivistas que desestructuran sociedades y comunidades, como los hay individualistas que las defiende y sostienen). Pero, a efectos de esta reflexión, vamos a asumirlo como tal.
Asumiendo que no debemos preocuparnos (por ahora) de los ciudadanos con tendencia colectivista, la pregunta que se abre aquí es, ¿cómo gestionamos a los individualistas para que crean en la Sociedad/Comunidad?
La educación
Debe ser obvio que todo el proceso educativo, aparte del propósito evidente de dotar de conocimiento (y quizás sabiduría) a los estudiantes, tiene un componente muy alto de «evangelización» de las bondades de la sociedad que los educa.
Hay un alto porcentaje de contenido educativo orientado a reforzar las ideas de Estado, de Nación (no son lo mismo), de la Historia, Héroes (referencias con las que nos podamos identificar) y, por supuesto, a establecer condicionamientos en la forma de revalidar el modelo («La democracia es el menos malo de los sistemas«).
Hay una sutileza ciertamente insidiosa en el proceso educativo. Para señalarla, lanzo la pregunta siguiente: ¿qué ocurre cuando tenemos un miembro de la Comunidad que es individualista en grado extremo? Extiendo la pregunta, ¿qué ocurre cuando tenemos dos miembros de la Comunidad que son individualistas en grado extremo y terminan aliándose, formando una pareja (y una comunidad en sí mismos)? Completo la pregunta: ¿qué ocurre cuando estos dos miembros «rebeldes» tienen hijos y les transmiten su visión individualista (y anti-sistema)?
Las sociedades no pueden permitirse que se eduque a los nuevos ciudadanos en visiones de la realidad que promueven la desobediencia, la disidencia o el enfrentamiento con las normas que estas deben tener para sobrevivir. Es fácil de ver, sobre todo en sociedades pequeñas, en sociedades jóvenes o en sociedades sometidas a presión y stress.
En sociedades grandes o maduras, se pueden tolerar niveles altos de disidencia porque, básicamente, todos los procesos de estas están tan entrelazados unos con otros que, aunque un grupo pretenda desobedecer, se les hará prácticamente imposible aplicar distorsiones que puedan tener un impacto relevante. Incluso aunque pudieran tenerlo, siempre van a existir «anticuerpos» que van a proteger a la Sociedad frente a la ruptura que grupos pequeños de individuos pueden promover. Volveremos a esta idea de los «anticuerpos» posteriormente.
Imaginemos que, además de enfrentarnos a miembros altamente individualistas, nos enfrentáramos a miembros altamente idealistas. Hasta un nivel extremos, donde no reconozcan relevancia alguna del mundo material y, en consecuencia, ninguna autoridad que pueda emanar de este (quedando solamente la autoridad divina).
Hay infinidad de ejemplos. Voy a citar algunos: anabaptismo (Amish y menonitas, por ejemplo), fraticelli (una versión extrema de los franciscanos) o, más cercanos, los Testigos de Jehová…
Son visiones del mundo basadas en el «Antinomianismo político» (Agricola, https://es.wikipedia.org/wiki/Antinomismo) o doctrinas del Reino Exclusivo de Dios (frente a la de los Dos Reinos, https://es.wikipedia.org/wiki/Doctrina_de_los_dos_reinos). Y, ojo, esto solamente en el contexto cristiano que es el que tenemos más cercano.
En otros contextos religiosos o de creencias encontramos visiones similares. En el Islam encontramos a los karijitas (https://en.wikipedia.org/wiki/Kharijites), el wahabismo temprano (https://es.wikipedia.org/wiki/Wahabismo), el Satyagraha bhakti (https://es.wikipedia.org/wiki/Bhakti), los Sikh (https://es.wikipedia.org/wiki/Sij) y muchos otros.
En el mundo del idealismo extremo es totalmente coherente no reconocer autoridad alguna que emane del mundo material.
Incluso en el materialismo extremo podríamos enfrentarnos con visiones del mundo que rechacen obedecer normas de una Comunidad, por considerarlas incorrectas o no basadas en hechos (por ejemplo, defendiendo y asumiendo la libertad religiosa como parte de la Sociedad) o porque dentro de esa combinación de individualismo y materialismo extremos deciden mirar exclusivamente por sus propios intereses no queriendo renunciar a nada en pro de otros.
Sea como fuere, las Comunidades y Sociedades se van a enfrentar siempre a individuos disidentes que, complicándolo todo más, pueden educar a otros individuos disidentes dentro de su contexto familiar.
Y entra esa parte sutil e insidiosa del proceso educativo que hemos mencionado: separando a padres e hijos durante un tercio del día (o la mitad del tiempo de vigilia) se garantizan distintas cosas, pero una especialmente importante es que la impronta cultural y de visión del mundo de los padres se equilibra inculcando otros elementos culturales, otras visiones, que son favorables a la estabilidad de la Sociedad o la Comunidad. De alguna manera, se mitigan la potencial disidencia que los progenitores podrían insertar en sus descendientes.
Las creencias míticas
En etapas tempranas de las sociedades/comunidades se pueden emplear herramientas de control de la disidencia ex ante, es decir, a priori. Antes de que se produzca una disidencia.
Por ejemplo, una creencia mítica —no necesariamente religiosa—, puede ayudar a vertebrar un grupo y ayudarlo a convertirse en una sociedad.
Cuando hablamos de mítico, nos referimos a todo lo asociado con un «mito». Es relevante citar las acepciones del diccionario (https://dle.rae.es/mito):
- Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico.
- Historia ficticia o personaje literario o artístico que encarna algún aspecto universal de la condición humana. «El mito de don Juan».
- Persona o cosa rodeada de extraordinaria admiración y estima.
- Persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene.
Hasta la cuarta acepción, que es la visión negativa de mitificar, tiene un sentido profundo en este contexto.
Crear una mitología le aporta a un grupo de personas un «pegamento» que permite que se vean a sí mismas como un todo, como un conjunto especial y, en muchos casos, dotado de gracia divina. La lucha de ese grupo casi siempre va a ser heroica, superando adversidades casi imposibles de superar, ya sea por la presencia de paladines («salvadores», «titanes», «caudillos»…) o por una ayuda mágico-espiritual emanada del mundo de las ideas (divina, celestial).
En esa mitología, además, muy probablemente se van a incorporar un porcentaje relativo de elementos de victimismo: «hemos sido perseguidos por», «luchamos contra un enemigo que quiere destruirnos», «se nos robó/roba algo esencial»… Ese victimismo, tristemente, es algo compartido con los grupos extremistas que lo usan como mecanismo de cohesión («todos somos víctimas de…»).
Tenemos ejemplos en todo lo que nos rodea. Los judíos eternamente perseguidos, con una tierra prometida. Los cristianos eternamente perseguidos. El ideal Han chino, donde se recibe el Mandato del Cielo (https://es.wikipedia.org/wiki/Mandato_del_Cielo). Grupos nacionalistas. Extremistas políticos. Extremistas del pensamiento científico (materialistas extremos). Sectas… ¡hasta el budismo!
Todos los grupos anteriores comparten esas mitologías que los avalan. Algunos de ellos reforzadas por criaturas divinas que les otorgan algo irrefutable en sus bases fundacionales (no se puede refutar un hecho que es divino). Algunos de ellos cohesionados por un victimismo que les hace percibir enemigos en todas partes, forzando a los individuos a refugiarse en el grupo para sentirse «protegidos» (olvidando que es el mismo grupo el que ha inventado a esos enemigos dentro de su narrativa de la lucha épica contra el mal).
Como añadido, creo que es relevante explicar que las narrativas sobre los recursos limitados (que si otros tienen, nosotros no), las consecuencias dañinas de la inmigración de tal o cual colectivo, la tolerancia religiosa etc. son también mecanismos de lucha de las sociedades victimistas contra los elementos que pueden amenazar su cohesión.
Conclusiones
Hemos abierto una reflexión sobre cómo las sociedades y comunidades deben crear mecanismos de cohesión (identitarios, victimarios, míticos… tocados por la divinidad) que de forma necesaria deben revalidar sus principios fundacionales.
Da igual el tamaño y madurez de una sociedad, todas ellas cuentan con sistemas que refuerzan principios aglutinantes mediante el adoctrinamiento: sea por transferencia oral, por educación académica formal, rutinas religiosas, estructuras y relaciones tipo anciano sabio-joven aprendiz…
En las sociedades más jóvenes (inmaduras) o en las más pequeñas, estos mecanismos de cohesión suelen ser muy agresivos. Con consecuencias en ocasiones fatales para los miembros disidentes, porque no pueden permitirse la presencia de elementos que puedan romper los enlaces comunitarios.
En sociedades de mayor tamaño y/o más maduras, se suele tolerar un nivel mayor de disidencia, porque pueden asimilarlo con mecanismos alternativos de control o porque, con el paso del tiempo, han consolidado fuertemente sus principios fundacionales. Si no lo han hecho, suelen desaparecer.
Existen individuos disidentes en todos los formatos que podamos imaginar. Hasta los más pro status quo pueden ser elementos desestructuradores de las comunidades y sociedades; no centremos la atención en los individualistas —son un objetivo muy fácil de la ira colectivista— porque también los colectivistas idealistas pueden ser «destructores».
Como conclusión inmediata: toda sociedad que quiera sobrevivir en el tiempo, aparte de tener mecanismos para juzgar, debe tener mecanismos para adoctrinar a sus miembros en los valores y principios fundacionales.