Comprender bien quién soy yo dentro de una estructura mayor como es la Sociedad, es especialmente relevante a la hora de tomar decisiones sobre cuáles son mis derechos y mis deberes.

Para poder determinar quién soy voy a emplear una serie de variables polares y contrapuestas; enfrentadas desde el punto de vista filosófico, que no real. Las personas somos mucho más complejas que una posición en unos ejes sobre lo cercanos o lejanos que estamos de un polo o extremo.

Sí creo que es útil poder describir estas variables y ejes, porque nos ayudarán a concretar esa idea de dónde nos encontramos. Veamos un primer diagrama valorando «Individualismo» frente a «Colectivismo», por un lado, e «Idealismo» frente a «Materialismo», por el otro.

Sin entrar en dónde estoy concretamente en esos ejes, es relevante explicar las variables:

  • Individualismo: es una visión filosófica del mundo donde se defiende los valores, objetivos, decisiones y deseos propios frente a las imposiciones externas. En este punto es muy importante diferenciar el individualismo del egoísmo. El primero busca la independencia y la autonomía, el segundo busca el propio interés por encima de todo. El individualismo absoluto o radical implicaría que la persona no acata, respeta u obedece norma alguna que no nazca de sí mismo. Es la total autonomía del individuo.
  • Colectivismo: en contraposición con el individualismo, el colectivismo busca anteponer las necesidades del grupo a las de los individuos particulares que los forman. Aquí debemos diferenciar colectivismo, como principio filosófico, y comunismo, como doctrina política. Se puede defender el colectivismo y tener una ideología contraria al comunismo. El colectivismo absoluto o radical implicaría que los individuos no pueden decidir nada ni tener expectativa de autonomía o libertad más allá de los intereses del grupo y lo que este decida. Es la total sumisión al colectivo.
  • Materialismo: es un principio filosófico que determina que la realidad es exclusivamente física y material, es decir, que no existe nada más allá de lo material (nada espiritual, divino o mágico… nada del «mundo de las ideas»). El materialismo absoluto o radical implica que no existe absolutamente nada que no sea material (físico).
  • Idealismo: es una visión filosófica de la realidad que defiende que la realidad (la que podemos conocer), es una creación de la mente o un hecho inmaterial. Es decir, que lo material no tiene existencia más allá de la percepción mental y conciencia que lo piensa. El idealismo radical o absoluto implica que la materia y el mundo físico no existen, siendo simplemente interpretaciones de una (¿o varias?) mente pensante.

Cada una de esas variables por sí misma es fascinante y abre la puerta a multitud de visiones. ¿Por qué he elegido estas en concreto? Porque creo que la posición de un Individuo frente a la Sociedad puede describirse de forma sencilla utilizándolas.

Individualista – Materialista (I-M)

Un individuo ubicado en el cuadrante definido por tendencia al individualismo y tendencia al materialismo, tendría una visión del mundo donde no existe nada que no sea la realidad física y material, teniendo al propio individuo como medida de las reglas a obedecer.

Es llamativo aquí que este perfil, en ocasiones, está conectado con la idea de la Ley Natural (Iusnaturalismo, incluso): personas que opinan que las únicas normas que imperan son las que la realidad física y la naturaleza imponen. Este tipo de visión suele estar bastante cercana a sistemas políticos como el anarcocapitalismo, minarquismo, liberalismo radical etc. Cuanto más cercano al extremo individualista, más definida puede ser esta tendencia.

Siendo materialista, naturalmente, nuestro individuo I-M no creería en dioses, ni tendría percepciones espirituales de la vida.

Individualista – Idealista (I-I)

Este perfil es bastante complejo de describir, dado que en su versión más extrema caería en el solipsismo (visión filosófica que defiende que solamente existe nuestra propia mente y lo que esta percibe): nuestra mente sería la que daría existencia a todo (una especia de teísmo individualista).

No confundamos el solipsismo con el pensamiento cartesiano («pienso luego existo») dado que Descartes recurre a un genio benigno (un dios) para sostener su argumento, mientras que el solipsismo usa la propia mente como principio de todo. Vamos a volver al solipsismo posteriormente, porque va a ser una herramienta muy útil para contraponer al Individuo y la Sociedad.

En versiones más moderadas hablaríamos de «Idealismo subjetivo» (pensamiento de Berkeley). La realidad existe más allá de nosotros y de nuestra mente porque ha sido creada. Esa entidad creadora le da consistencia a la realidad aunque no la estemos considerando en ese momento. De alguna manera, claro, hablamos de un Dios (u otro principio creador).

Colectivista – Materialista (C-M)

Este tipo de visión del mundo nos va a traer a la mente de forma natural el comunismo. Y, sí, es cierto que el comunismo (sobre todo la versión de Marx de este) caería en este tipo de tendencia.

Pero no nos engañemos, porque las doctrinas positivistas (Comte) tecnocráticas son materialistas y colectivistas y, más evidente todavía, las doctrinas nacionalistas revolucionarias defienden la «Nación» como principio vital de todo (y el sacrificio de los individuos por este), así como la importancia única de la tierra, la Patria (con mayúsculas), la «raza»…

Muchos tipos de fascismos son C-M, ojo.

Colectivista – Idealista (C-I)

Este grupo es muy interesante.

La visión idealista de la realidad nos puede llevar directamente al concepto de Dios. Y, dado que esta entidad dios sería el principio creador de toda la realidad, emitiría una serie de reglas que deberíamos cumplir para estar «en sintonía» con la entidad.

En versiones moderadas de C-I hablamos de religiones que nos plantean códigos de valores y de conducta, donde los individuos, con cierta cantidad de autonomía, se realizan siguiendo esas reglas y acercándose a la entidad creadora (o alejándose, si se incumplen esos códigos).

En las versiones más extremas hablamos de sectas, obviamente, que establecen unas reglas (normas morales y sociales comunes a un grupo) avaladas por esa Idea esencial. La palabra secta arrastra una connotación destructiva y podemos considerarla como una versión radical C-I.

Distintos grados

Cuánto de Individualista/Colectivista y cuánto de Materialista/Idealista definen mucho de nuestros códigos de valores. Y, naturalmente, de nuestra voluntad de querer obedecer normas que no hemos escogido nosotros mismos.

Es muy importante observar que no estamos hablando de polos ideológicos, aunque yo sutilmente haya ubicado el colectivismo a la derecha (antiintuitivo) y el idealismo arriba (intuitivo)… las ideologías compartirán elementos en distintos grados con estas variables.

Por ejemplo, mi caso concreto, donde ideológicamente soy anarcoindividualista podríamos decir que si 0 es el mínimo y 100 es el máximo, probablemente me situaría en un 80 en individualismo (dependiendo del día). En el caso del materialismo es más sencillo (creo que para todo el mundo): me considero materialista con un valor de 100 sobre 100. Para mí no existe nada más que lo material y físico.

Hay religiones como el animismo que combinan una creencia material, mundo tangible, con otra ideal, los elementos de ese mundo tangible también tienen «alma». Por lo que, insisto, no olvidemos que las personas somos algo muchísimo más complejo que dos variables polares.

Pero es que, además, a veces nos encontramos sorpresas donde lo que es realmente una creencia C-I por motivos religiosos, deriva en un comportamiento I-I: dado que la autoridad máxima que existe es la divina, no estoy sometido a las leyes de las sociedades humanas. Ojo con este ejemplo concreto.

Los derechos y deberes

Debería ser evidente que, dependiendo de dónde nos vemos ubicados en esos cuadrantes, nuestra manera de interpretar los derechos y los deberes varía. Voy a utilizar situaciones algo extremas para ilustrarlo. lanzando preguntas que, espero, sean sencillas de responder para el lector:

  1. Si en un grupo existe una norma de impedir el matrimonio entre personas que expresen clinas diferentes (por ejemplo, simplificando, personas afro con personas caucásicas)… ¿de qué variable hablamos y con qué tendencia? Claramente hablamos de individualismo vs colectivismo. En este ejemplo concreto, al existir una norma grupal que se sitúa por encima de la voluntad individual, nos ubicamos en el colectivismo.
  2. Dado que la vida ha sido otorgada por Dios, los humanos no pueden tomar decisiones que la destruyan en forma alguna, por lo que el aborto debe ser prohibido. ¿De qué variable hablamos en este caso y con qué tendencia? Este caso es tramposo porque, realmente, están en juego ambos pares de variables. Por un lado claramente hablamos de idealismo (no es materialismo, si preferimos verlo de esta manera) y, por el otro, también de colectivismo dado que la norma del grupo (creyente) está por encima de la decisión individual.
  3. Como individuo tengo derecho a vivir mi vida como quiera, por lo que nadie debe prohibirme enamorarme de la persona que yo quiera, aunque sea de mi mismo sexo. ¿De qué variable hablamos y con qué tendencia? (atención, es una pregunta trampa). La variable es sencilla dado que confronta una decisión de un individuo frente a una potencial norma vigente en un grupo (sociedad). La trampa está en que, dependiendo del momento en el tiempo, la geografía y la cultura, pueden o no existir normas grupales que limiten que se unan parejas del mismo sexo. Y esto es especialmente interesante porque hablamos, de alguna manera, de un proceso evolutivo donde normas que antes eran rígidas se flexibilizan o abandonan en pro de la libertad individual.

Así, cuando hablamos de derechos y deberes podemos utilizar las variables y los cuadrantes para ubicarnos. Por ejemplo, en mi caso, soy una persona con ese nivel 80/100 de individualismo, que se matiza porque soy firme defensor del cumplimiento de las leyes. ¿Cómo es esto posible y congruente? Lo explicaré más adelante.

Pero sí debe resultarnos evidente que una persona alejada del materialismo y creyente en una religión como puede ser el cristianismo, se somete a una serie de reglas que, primero, vienen dictadas desde el mundo de las ideas (o el mundo divino) y, segundo, que se han asumido colectivamente (colectivismo).

Debería surgir una pregunta ahora mismo: ¿cómo personas con un nivel de individualismo 80/100 y personas con un nivel de colectivismo 70/100 pueden convivir? (sorpresa, la respuesta es las leyes).

Las leyes (La Ley, mejor)

Cuando hablamos de sociedades formadas por uno o más individuos (ojo al detalle de «uno o más») siempre existen normas. Ya sean nuestra propias reglas y códigos personales, que las mantenemos incluso en situaciones de aislamiento y soledad (esto es importante) o normas de grupo aceptadas por los miembros de estos.

Creo interesante que nos aproximemos a esta idea de las normas en las sociedades partiendo de UN individuo aislado, hasta grupos de millones de personas:

a) Un individuo (sociedad de 1): sin entrar siquiera en principios éticos o morales, incluso los individuos en aislamiento (por ejemplo, náufragos) o «niños salvajes» (criados al margen de la sociedad, aunque sea durante un tiempo), desarrollan rutinas o comportamientos repetitivos no justificados exclusivamente por necesidades de supervivencia. Esto nos lleva a poder presumir que la unidad más básica del comportamiento regulado no es una sociedad, sino realmente el individuo.

b) Dos (2) individuos: esta es una sociedad muy compleja, dado que se pueden establecer relaciones de dominación y sumisión, que alterarían la vigencia de las normas como concepto (con un debate abierto sobre si las normas las impone el dominante o es realmente el sumiso). En un supuesto donde ambos individuos cuentan con la misma energía, poder y voluntad de control, se hace evidente que deberán pactar una serie de reglas o muy probablemente entrarán en conflicto (y en agresión potencialmente).

c) Tres (3) individuos: en estos casos se generan dinámicas de pesos y contrapesos entre las personas que, naturalmente, se verán alteradas por la influencia que puedan ejercer unos sobre otros. Este caso es muy interesante dado que todos los individuos deberían estar preocupados por ser el elemento aislado frente a la fuerza que puede ejercer una pareja, lo que nos debería sugerir que la necesidad de regular (reglas, normas) debería aparecer naturalmente.

d) Más de tres individuos: ya nacen dinámicas complejas. Un grupo de más de tres personas ya es un grupo muy complejo en sí mismo. Podemos verlo en los equipos de trabajo en organizaciones y cómo las áreas de recursos humanos necesitan regularlas con códigos de conducta y otras herramientas.

En todos los casos anteriores van a existir normas, reglas o algún tipo de concepto que podemos llamar ley. Porque si no existen, estas sociedades terminarían disolviéndose. Incluyendo el caso de un individuo aislado: existen consecuencias malas si vive sin rutinas o mecanismos de regulación (por ejemplo, alimentarse, orinar…).

De forma muy general podríamos concluir que, cualquier sociedad humana con uno o más individuos, tiene necesariamente códigos de conducta. O la sociedad se extinguiría.

cualquier sociedad humana con uno o más individuos, tiene necesariamente códigos de conducta.

Llegados a este punto, debemos hablar de lo que es la ley. Y es que las leyes, La Ley, es un conjunto de normas o principios que regulan las conductas humanas dentro de una comunidad (una sociedad de uno o más individuos).

Antes he hecho referencia al iusnaturalismo como un tipo de norma (ley natural) que podría o no aplicar a las sociedades. Si pensamos en el caso de una sociedad de uno (1), muy posiblemente esta ley natural (o derecho natural) esté vigente.

Pero en sociedades de más de uno, la complejidad de las normas es proporcional al tamaño de estas sociedades. Porque, básicamente, por mucho que tendamos al colectivismo seguimos igualmente siendo individuos que a pesar de tender a plegar nuestra voluntad a la de un grupo, tendremos sesgos, tendencias y comportamientos más gobernados por nuestra individualidad que por el grupo en sí mismo.

Construir una Ley que funcione para todo el mundo es imposible: siempre existirán individuos en situaciones radicales de individualismo que se sentirán autorizados a rechazar esa ley. Además, cuanto más justa es la causa que el individuo cree defender, más se desplaza del colectivismo al individualismo si tiene la sensación de que ese es el camino justo.

Recordemos esa famosa frase latina de «dura lex, sed lex» («la ley es dura, pero es la ley») porque vamos a analizarla a continuación.

Los conflictos entre individuos y La Ley

Todo lo expuesto anteriormente no ha sido otra cosa que una especie de situación de contexto o exposición de motivos para hablar de estos conflictos.

Si yo como individualista 80/100 quiero operar de forma positiva (prefiero el término armonioso) en una sociedad concreta, existe una serie de reglas y normas que voy a tener que acatar. Porque, a pesar de ser un individuo maduro y capaz de autosostenerme sin necesidad de una tutela externa, es posible que mis comportamiento sean considerados dañinos para esa sociedad.

Imaginemos una sociedad de cien personas donde hay una distribución gaussiana de estas:

Fuente del gráfico: https://economipedia.com/definiciones/distribucion-normal.html

Es decir, la población se distribuye siguiendo esta distribución normal, donde podemos observar que la mayor parte de la población se agrupa entre los valores 1 y 3. Y tenemos dos valores excéntricos (alejados del centro o de la norma) que son el -1 y el 5.

Imaginemos que yo fuera ese valor -1 y debo operar de manera eficaz en esta población donde, posiblemente, el 80% de esas cien (100) personas, es decir, 80 personas, comparten una serie de criterios. ¿Cómo puedo integrarme si puede que no comparta casi ninguno de los criterios que tienen esas personas?

Generalmente en las sociedades humanas esto ha funcionado por imposición de la mayoría: se hace lo que el grupo ha asumido como cierto y necesario (colectivismo). Ni siquiera es necesario que este grupo cuente con un código formal de leyes. Basta con que sea el comportamiento socialmente admitido (revisaremos posteriormente la idea de la deseabilidad social). Aunque, por regla general, existirá algún tipo de formalismo que establezca esas leyes para que sean lo más predecibles posibles; puede ser transmisión oral, «libro sagrado», consejo de ancianos, código de leyes…

Si esas 80 personas son idealistas y religiosas y yo fuera materialista y ateo, la pregunta esencial es ¿cómo convivimos? ¿Asimilo y asumo su visión idealista y religiosa?

Debe ser obvio que esto atenta contra la libertad individual y contra la diversidad, dado que todo comportamiento que se salga de lo normativo en estas sociedades se convierte inmediatamente en transgresor o disidente. Y las sociedades suelen reaccionar para anularlo. Incluso sin intervención consciente de cada individuo: es la propia Sociedad como ente (recordemos, el Leviatán de Hobbes) la que reacciona con su sistema «inmunitario» para anular esa divergencia de criterio y/o comportamiento.

La evolución y la mejora de la mayor parte de las sociedades ha ido progresivamente cediendo espacio a la diversidad y a la autodeterminación… es decir, al individualismo. Lo que es una muy buena noticia: conforme las sociedades avanzan ceden en el colectivismo radical otorgando una cantidad discreta de margen al individualismo.

Nos enfrentamos ahora a esa situación de regular las sociedades con muchos individuos que deben colaborar por algún tipo de objetivos comunes. Pero, claro, contando con que para que los individuos quieran colaborar voluntariamente deben tener cierta expectativa de satisfacer sus objetivos individuales. Es de este equilibrio de donde nacen los principios de las leyes modernas. Buscan mantener la coherencia como sociedad, intentando limitar lo mínimo posible lo propio del individuo.

Y llegamos a la respuesta para la pregunta. Yo como individualista tengo una serie de necesidades que una sociedad puede cubrir. Decido voluntariamente acatar el número suficiente de reglas, normas y/o leyes de esa sociedad, para poder operar dentro de ella generando el mínimo oleaje posible.

Decido voluntariamente acatar el número suficiente de reglas, normas y/o leyes de esa sociedad, para poder operar dentro de ella generando el mínimo oleaje posible.

Este punto es muy importante. A pesar de que estamos obligados a cumplir absolutamente todas las leyes y, a su vez, estas nos garantizan absolutamente una serie de derechos, la realidad es que ni todos los ciudadanos cumplen siempre todas las leyes, ni los derechos garantizados absolutamente están siempre garantizados.

Las sociedades, como los individuos, son falibles e imperfectas y no pueden satisfacer las aspiraciones en todos los casos complejos que se presentan. Es una expectativa idealizada esa en la que los Ciudadanos (Individuos) cumplimos todas las leyes de forma íntegra y completa. Como lo es también esa en la que las Sociedades cumplen siempre con esos derechos que tenemos garantizados absolutamente.

Equilibrios y contrapesos

Como individualista he comprendido esta necesidad de aceptar normas externas a mí si quiero operar de manera eficaz en una Sociedad. Pero no es gratis. Que yo acepte aportar a esa Sociedad cumpliendo su manual de reglas (Deberes) tiene como contraprestación que esa Sociedad va a cumplir su parte de un acuerdo donde me va a dar algo a cambio (Derechos).

Si fuera de otra manera, yo no querría aportar en esa Sociedad y podría incluso verse perjudicada si yo escogiera atacarla para defender mis propios intereses y/o valores no viéndolos protegidos o garantizados. Es menos costoso para ambas partes encontrar el mínimo común denominador, es decir, el conjunto mínimo necesario de normas que yo deba cumplir alterando quién soy para que la Sociedad me considere aceptable como miembro. Sin que yo tenga que sentir que sacrifico demasiado de mí mismo.

Por ejemplo, ¿por qué querría yo cumplir con mis obligaciones tributarias si la Sociedad luego no reconoce mi derecho a enamorarme de una persona de mi mismo sexo? Es algo que para mí ha sido siempre bastante obvio: si cumplo con los Deberes que la Sociedad exige, voy a reclamar de forma asertiva los Derechos que se me han prometido. Siempre siendo conscientes del porcentaje de falibilidad que tenemos tanto Individuos como Sociedades.

¿Por qué son necesarios los equilibrios y contrapesos? Por varios motivos, pero se reducen a dos principalmente:

  1. Todos los procesos, sean del tipo que sean, tienden a degradarse: y las sociedades entendidas como procesos se comportan igual. Con un componente peligroso que deriva de quiénes detentan el poder, aunque sea de forma temporal. Una sociedad degradada donde hay personas con poder es una sociedad con problemas e incumplimientos de la parte de Derechos.
  2. Incluso con los oportunos mecanismos de control que vigilen y compensen el proceso de degradación, las personas con poder… se comportan como personas con poder: de ahí la famosa frase de «¿quién vigila a los vigilantes?».

Deben existir contrapesos, equilibrios, que eviten que un individuo o un grupo de individuos degraden la Sociedad. Estos contrapesos o fuerzas de equilibrio son esenciales. Tradicionalmente se percibía a la prensa como uno de estos elementos de contrapeso, pero actualmente podemos observar que han sido asimilados por los grupos de poder (las élites).

Creo importante que nos preocupemos por si nuestra Sociedad cuenta o no con esos contrapesos tan necesarios y si se están empleando en pro de la protección de los individuos.

Pero es que, además, las Sociedades que solamente imponen deberes son muy caras de mantener: implican vigilancia constante sobre los individuos que las construyen y conflictos continuados que, en la mayor parte de los casos, derivan en su desintegración (o en conversión en tiranías). Aumentan la velocidad de los procesos de degradación.

Conclusiones

Aunque he adelantado algunas, incluso de artículos posteriores, creo oportuno enumerarlas:

  • Las sociedades están compuestas de individuos (uno o más).
  • Los individuos tienen su forma particular de entender la vida, sus códigos y tienen objetivos particulares.
  • Un individuo puede decidir renunciar a algunos de sus objetivos, ya sea completa o parcialmente, para aceptar colaborar con los de otros o los de un grupo. A cambio, a este individuo se le garantizan una serie de contraprestaciones. Esto es lo que conocemos como Contrato Social.
  • Una Sociedad, de nuevo, es un conjunto de individuos que han decidido aceptar reglas externas a ellos.
  • Para que las sociedades sean fuertes y puedan crecer deben tener la menor intervención e interferencia posible con los criterios de cada uno de sus individuos. Por un tema de sentido común: cuanto más conflictivos tenga la Sociedad con cada Individuo y viceversa, más costoso es el sostenimiento de esta. Lo que debería hacer evidente que cuando menos intervenga la Sociedad en cómo vive su vida un Individuo, menos conflictiva va a ser la relación.
  • Mi umbral de aceptación y de voluntad de cumplir las normas de esa Sociedad es directamente proporcional, por una parte, a la voluntad de esa Sociedad por cumplir con lo que me ha prometido e inversamente proporcional, por otra, a la cantidad de exigencias que me plantee.
  • Una Sociedad que exige muchas normas y cumple mucho su parte, es viable (con matices debatibles).
  • Una Sociedad que exige pocas normas y cumple mucho su parte, es viable.
  • Una Sociedad que exige pocas normas y cumple poco su parte, es viable (con matices debatibles).
  • Una Sociedad que exige muchas normas y cumple poco su parte, es inviable y terminará en el deterioro.

Un comentario

  1. […] Hasta ahora hemos estado hablando de sociedades de unos pocos individuos (https://omnesomnibus.org/2025/05/14/sociedad/). Y el enfoque es sencillo, hasta cierto punto, dado que hemos hablado de individuos en posiciones muy extremas y sin matices de grises (https://omnesomnibus.org/2025/05/05/individuo/). […]

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