(hemos de entender el término «hombre» como ciudadano, es necesaria la palabra para jugar con el título de la célebre película)
Si hemos obtenido algunas conclusiones —acertadas a no— sobre la necesidad de contar con «terceros hombres» (terceras personas, a partir de este punto) que puedan asumir el rol que va a juzgar una situación, deberíamos tratar la cuestión de qué ocurre cuando hay cuartos interesados en el resultado de la decisión de nuestro Juez.
Primero, la idea de la entropía
No vamos a tratar el concepto desde el punto de vista físico (termodinámica), sino desde el punto de vista filosófico. La entropía como concepto filosófico puede interpretarse como la tendencia natural de los sistemas a evolucionar hacia un estado de mayor desorden o caos.
Entropía es la tendencia natural de los sistemas a evolucionar hacia un estado de mayor desorden o caos.
Es decir, en general, cualquier sistema (incluyendo los sistemas creados por humanos) tiende al desorden y/o caos siguiendo el sentido de la «flecha del tiempo», es decir, cuanto más tiempo pasa, más desorden y caos se va a generar en ese proceso o sistema (si no aplicamos medidas para evitarlo).
Personalmente creo que la entropía es, posiblemente, uno de los conceptos más importantes que hemos descubierto los humanos, tanto en su aplicación en la física, como en la filosofía. Reflexionar sobre que la realidad no es estática, sino que tiende a evolucionar siguiendo el vector temporal y, en concreto, tiende a evolucionar hacia situaciones de mayor desorden, nos debe llevar a entender que todo proceso o sistema que pongamos en marcha necesita de vigilancia y de acciones correctivas que lo mantenga estable.
Es decir, no podemos pretender que un sistema se active y que se mantenga estable en el tiempo sin que aportemos «algo» para mantenerlo dentro de unos parámetros de «orden» (estabilidad) que consideramos aceptables.
💡A efectos de este artículo, vamos a considerar la idea de la entropía como un hecho que aplica a todos los sistemas y procesos.
Degradación de los sistemas
Llevada esta idea de la entropía (como tendencia hacia el desorden y/o el caos) al contexto de las sociedades y la resolución de conflictos en estas, crear la figura del que debe juzgar y no dotarla de mecanismos de control para garantizar que sus decisiones van a ser independientes, cabales, razonadas y sensatas, implicará que, con el paso del tiempo, se degradará el proceso.
Por ejemplo, un Juez que designamos hoy, ¿dentro de cinco años va a tener el nivel de conocimiento tecnológico necesario para valorar situaciones conflictivas en el mundo digital? Dependerá de los casos concretos, pero podemos afirmar que, en general, si no dotamos a este ciudadano que juzga de la formación necesaria o del consejo experto adecuado, sus decisiones serán de baja calidad. Lo que nos lleva a planificar horas de formación dentro del proceso de tener el rol de juez.
Naturalmente, esto podemos (y debemos) llevarlo a todos los procesos y sistemas… a cualquier actividad humana: el que deja de ser mejor, deja de ser bueno, dicen.
Así que podemos concluir que los jueces son un «sistema» que se puede degradar progresivamente; y se degradará, simplemente, con que pase el tiempo suficiente.
¿Cuáles pueden ser los mecanismos que impulsen ese proceso de degradación?
Degradación de la decisión judicial
Podemos enfrentarnos a muchos factores que impacten sobre la calidad de las decisiones del ciudadano o ciudadana que juzgan.
Los más evidentes pueden ser, individualmente, el cansancio (conexión directa con el tiempo del que disponen para juzgar, del que hablamos en este otro artículo), baja cualificación, sesgos personales, involucración personal o intereses en un caso («no se puede ser juez y parte»), estados alterados (enfermedad, adicción, stress, tristeza…)…
Desde el punto de vista de proceso (no del individuo que juzga, sino del mecanismo que lo habilita de principio a fin) la sobrecarga (conecta con cansancio y tiempo), baja calidad documental, recursos pobres, jerarquías involucradas o interesadas («mi jefe no debe influirme siendo juez y parte») o, incluso, procesos mal definidos en origen (reglas del juego confusas o mal estructuradas, procesos con pocas garantías o fallos involuntarios)…
Sean elementos individuales o procesales, pueden afectar a la capacidad del que juzga a la hora de tomar decisiones. Lo que daña, en esencia, todo el modelo donde tenemos terceros capaces de juzgar los conflictos entre dos partes.
Pero hay un elemento distorsionador concreto que tiene mucho impacto en este proceso: las cuartas personas interesadas.
Asumiendo que tenemos dos partes en conflicto y que existe un tercer actor que debe tomar posición en ese desacuerdo, podemos realizar las siguientes asunciones:
- Parte 1: está interesada en defender sus intereses. Sus afirmaciones y opiniones deben considerarse cuestionables dado que tienen origen en ser una parte interesada. Puede tener un abogado y distintos testigos (o peritos) de parte, es decir, que apoyarán su versión de los hechos.
- Parte 2: también está interesada en defender sus intereses. Sus afirmaciones y opiniones deben considerarse cuestionables dado que tienen origen en ser la otra parte interesada. Igualmente puede tener abogado, testigos y/o peritos de parte.
- Juez: lo asumiremos como en estado ideal, es decir, no está cansando, ni sobrecargado, no conoce a las partes, ni tiene interés alguno en el caso concreto. Asumirá que los testigos, expertos y peritos de cada parte son interesados y van a defender los intereses de quien los ha llamado.
A priori, este proceso sería un proceso cualquiera de resolución de conflictos involucrando la figura formal de un Juez. Muchas otras disputas se resolverán mediante el proceso MASC (Medios Adecuados de Solución de Controversias), es decir, mecanismos ajenos al sistema de justicia que permiten que las partes se pongan de acuerdo y resuelvan su disputa. Por ejemplo, un amigo común habla con las partes y deciden abandonar el asunto. O buscan un mediador extrajudicial etc.
La parte extrajudicial no ha logrado resolver el asunto en nuestro caso, por lo que volvemos a la figura formal del juez. Y, por supuesto, a las cuartas partes interesadas que están buscando la forma de degradar la decisión (teóricamente consiguiendo sus intereses de alguna manera).
¿Cómo pueden estas cuartas partes afectar el proceso de decisión del juez? Lo hemos visto previamente cuando hemos mencionado algunos de los factores a título procesal o individual. Pongamos ejemplos:
- Recursos – Afectando al proceso – actor institucional: un cuarto actor sistémico con influencia podría estrangular los recursos judiciales, forzando a los jueces a trabajar con sobrecarga, stress, falta de medios o pocos recursos. No voy a sorprender a nadie si señalo al poder político aquí.
- Desconfianza – Afectando al proceso – actor institucional: otra opción de influencia en este cuarto actor sistémico podría generar un clima de desconfianza en los procesos judiciales. De esta manera, la sociedad entera deja de reconocer la validez de las decisiones de los jueces. Es decir, todo el sistema está en cuestión porque los miembros de la sociedad ya no creen que un tercero pueda juzgar de manera solvente. De nuevo, el poder político es el principal interesado en forzar esta idea y en lograr debilitar a un poder independiente que podría llegar a encausarlos.
- Degradación – Afectando al proceso – criminales al uso: un cuarto actor, banda criminal, que infiltra elementos afines en el proceso. Por ejemplo, alterando o eliminando evidencias, fuentes documentales… Si el que juzga lo hace con información alterada (o con una pequeña parte de esta), sus conclusiones estarán adulteradas.
- Todos los casos – Afectando a las partes: un cuarto actor puede asustar, amenazar, corromper o, incluso, eliminar a la parte que le resulte molesta. Esto, de facto, interrumpiría el proceso en muchos casos (en otros, más complejos, puede estar personado el Estado, aunque todavía no hemos introducido esta figura en nuestras reflexiones sobre las sociedades). Incluso este cuarto actor podría usar mecanismos MASC para resolver extrajudicialmente y que el proceso no se complete (cosa que, en distintos contextos, puede resultarle mucho más costoso que simplemente pagar a las partes y resolverlo en las sombras).
- Todos los casos – Afectando al juez: todo lo anterior, pero centrado en el tercero independiente como individuo. Se le puede sobornar, matar, hacer enfermar, difamar, manipular… En este caso, las partes, actores criminales, institucionales… cualquiera de esos cuartos actores puede tener la capacidad.
Hemos de ser plenamente conscientes de que todo proceso tiene vulnerabilidades. Pero, sobre todo, que en toda sociedad de más de un individuo, esas vulnerabilidades pueden ser explotadas para que las cosas jueguen a favor de un ciudadano con pocos límites.
Estos cuartos actores son los que ponen en peligro todo el modelo. Porque las partes ya tienen una posición en sí misma, es decir, lógicamente lucharán por sus propios intereses en los conflictos. Asumiendo al tercero independiente en una situación ideal, los elementos distorsionadores vienen de estos «número cuatro».
En una sociedad relativamente compleja, hay muchas (muchísimas) variables cruzadas e interrelacionadas, lo que deriva en que el número de «cuatros» interesados puede ser muy amplio. No podemos identificarlos a todos y, en casi todos los casos relevantes, ni siquiera podemos ser conscientes de su existencia si no hemos hecho una investigación específica (y profunda).
¿Cómo podemos proteger el modelo?
Siendo conscientes de estas vulnerabilidades, la pregunta esencial es, claro, ¿cómo se protege el modelo?
Distintas reflexiones amplias que no son conclusiones o respuestas, porque, por ahora, no creo que podamos tenerlas claras:
- ¿Pagamos muy bien a los que juzgan? Cuanto más ganen, menos probable será que sean susceptibles a ser corrompidos con dinero. Sí hay otras «palancas»; el sentido de la frase latina «Omnia Romae Venalia Sunt», «Todos los romanos tienen un precio» (Marco Licinio Craso), nos lleva a esto, que todos tenemos una palanca que se puede pulsar.
- ¿Los protegemos con guardaespaldas y vigilancia constante? De forma que evitemos que se les amenace a ellos o a sus familiares y allegados.
- ¿Creamos tribunales/jueces que juzguen de manera anónima? Esto me provoca un escalofrío de miedo. En experiencias de otras épocas donde los que eran juzgados no podían saber quién los denunciaba o condenaba podemos encontrar el motivo de este miedo.
- ¿Rotamos los jueces cada pocos años? Esto, a priori, reduciría la probabilidad de corrupción al forzar al «cuarto» a tener que re-invertir sistemáticamente, con la probabilidad de enfrentar un juez incorruptible que abra la puerta a denunciarlo y exponerlo.
- ¿Ponemos vigilancia constante a todos los involucrados en los procesos judiciales? Nadie querría trabajar en semejante entorno.
Podríamos especular sobre todo tipo de aproximaciones de control, pero, realmente, para ser capaces de implantar mecanismos adecuados tenemos que entender a los Adversarios. Es decir, tenemos que modelar a nuestros enemigos para conocer sus intereses y sus formas de operar.
Actor sistémico
Las democracias modernas beben de las ideas de Locke y Montesquieu sobre la separación de los poderes de un estado. Cada uno con su visión particular, lo cierto es que ambos observaron la tremenda importancia de los contrapesos entre poderes.
Locke hablaba de tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Federativo (algo así como el departamento de exteriores). Para Locke el Poder Judicial estaba imbuido en el Legislativo y en el Ejecutivo; la principal preocupación en ese escenario era la de garantizar que no existieran abusos contra los ciudadanos.
Montesquieu, en cambio (con más acierto, creo yo) introdujo el concepto de los tres poderes que conocemos bien: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Y, sobre todo, con un énfasis en mantener la independencia y la separación entre estos con el matiz adicional de que deberían vigilarse y limitarse entre ellos: el objetivo era garantizar la libertad individual.
garantizar la libertad individual
¿Qué ocurre cuando uno de los poderes toma la decisión consciente de debilitar a uno (o varios) de los otros poderes? Nos encontramos en un escenario donde un actor sistémico ejerce fuerza contra toda la sociedad en su conjunto: dañando a los otros poderes se rompe el equilibrio entre estos y las garantías que el modelo aportaba a los miembros de la sociedad (los ciudadanos) desaparecen.
¿Se imaginan al Poder Judicial encausando sistemáticamente el Ejecutivo para bloquearlo (lo que los políticos llaman lawfare… cuando no lo usan ellos mismos)? ¿O imaginan al Legislativo aprobando leyes que obliguen al Ejecutivo y al Judicial a someterse a su control? Si cuesta tanto imaginar estos escenarios… ¿por qué no nos alarma lo que estamos viendo en el Ejecutivo actuando contra el Poder Judicial?
Actor criminal
Estos son, a la vez, más fáciles y más difíciles de gestionar. Por un lado, no cuentan con la capacidad directa de mover los engranajes del sistema «legalmente», es decir, cometiendo fraudes de ley o abusando y retorciendo el sistema (como hacen los anteriores sistémicos).
Por otro, suelen tener pocos límites a la hora de hacer daño: si creen que torturando o matando van a lograr sus intereses lo harán.
Pero, en el fondo, la probabilidad de lograr «tocarlos» es alta (sobre todo comparada con los sistémicos que, casi siempre son intocables).
Este tipo de actor es un problema, pero las sociedades humanas integran herramientas para luchar contra ellos desde el principio de los tiempos…
La cosa se vuelve más oscura cuando estos dos tipos de actores principales trabajan juntos…
Actor criminal que usa a uno sistémico
Este es un caso habitual; más habitual cuanto mayor es una sociedad. Es el caso básico de corrupción de los poderes por parte de intereses criminales.
Por ejemplo, narcotraficantes que pagan a fuerzas policiales, jueces o políticos para lograr un resultado favorable por parte de cada uno de esos actores (avisar cuando investigan, emitir sentencias favorables o aprobar presupuestos fraudulentos para los criminales, por ejemplo).
Lucky Luciano y Meyer Lansky eran unos maestros en esto. A través de Frank Costello solían financiar las campañas de distintos políticos (incluso financiando, a la vez, a los dos candidatos sabiendo que ganaría uno u otro). Se rumorea que, incluso, financiaron a los Kennedy y que el asesinato de JFK, supuestamente organizado por «Pequeño Hombre» Marcello, podría (o no) haber tenido que ver con que estos no cumplieran «su parte».
Hay multitud de casos demostrados de corrupción de actores institucionales por parte de criminales y organizaciones criminales. Incluso, sorpresa, de organizaciones religiosas…
Y, naturalmente, por parte de agencias de inteligencia, aunque estos casos, sinceramente, los considero parte constituyente del juego de las democracias, imposibles de eliminar.
Actor sistémico que usa a uno criminal
Este caso es verdaderamente peligroso y, personalmente, es el que más miedo me da.
Puede sorprendernos si somos personas con una visión limpia de la sociedad (cada vez quedan menos personas así y es una pena). El hecho es que los actores sistémicos, los gobiernos e instituciones, usan habitualmente a criminales y organizaciones criminales para que ejecuten sus tareas sucias… «que les laven la ropa».
En España, por ejemplo, basta con observar las actividades del excomisario Villarejo, para que nos demos cuenta del alcance de lo que actores institucionales pueden querer hacer «en colaboración» con un agente de este tipo.
En otros países, hay un largo histórico de agentes sistémicos (gobiernos, políticos) utilizando agentes criminales para apoyar sus corruptelas. No es raro tampoco que los usen para alterar procesos judiciales o evadir consecuencias demandadas por la democracia.
No es necesario mencionar las agencias de inteligencia. En concreto las anglosajonas (incluyo aquí las francesas) son conocidas por tener pocos escrúpulos a la hora de acometer «cualquier» tipo de acción para lograr sus objetivos. Pero esto queda fuera del contexto de «alteración del proceso judicial», salvo en casos específicos.
De nuevo, ¿cómo protegemos el modelo?
Es muy complejo.
Cuando hablamos de organizaciones criminales, el único camino es la investigación policial y asumir que, en muchos casos, se va a ver alterada y habrá probabilidades de que no seamos capaces de obtener el resultado democrático. Es decir, si los criminales quieren, van a poder alterar el proceso judicial en casos. Muchos o pocos, dependerá de la calidad democrática de cada región.
Esta es una realidad que hay que asumir y que, sinceramente, creo que es asumible: el que es un criminal lo es y punto y poco vamos a hacer para cambiarlo.
El problema real lo tenemos en el actor sistémico. Esos se supone que se someten a las obligaciones y reglas de la democracia. Y, para empeorarlo, generalmente son ellos los que tienen la capacidad de forzar el cumplimiento de estas obligaciones y reglas.
Con otro agravante, que según modelos, pueden controlar a los reguladores (el Legislativo) aprobando leyes a discreción para cumplir sus objetivos. Si, además, estos actores pueden tener influencia (y la tienen) sobre el poder judicial… los ciudadanos estamos en una trampa malvada: porque va a ser muy difícil demostrar que este actor está abusando del modelo —de nosotros, de cada uno de los ciudadanos—, dado que redactan las normas, deciden si se obliga o no a cumplirlas y, en algunos casos, pueden incluso controlar el proceso judicial que sería el último control posible de la democracia para limitarlos.
Y esto… influyendo.
¿Qué pasa si, como ya hemos mencionado, logran erosionar la confianza de los ciudadanos en el poder judicial? Sencillo: controlan por influencia y corrupción a algunos de los actores del poder judicial y, a los que no controlen (ya sea porque son honrados, la mayoría, o porque son afines a los intereses de otros) los desacreditan.
Este escenario es temible. Rompe con cualquier tipo de contrapeso o control de los poderes.
Una vez más… es muy, muy, muy importante respirar y reflexionar antes de emitir comentarios sobre si los jueces son tal o cual… porque es muy posible que estemos cumpliendo la agenda de uno de los actores que he mencionado, sistémico o criminal (o ambos).
4 respuestas
[…] los artículos previos (el anterior puede leerse aquí) hemos reflexionado sobre las comunidades y sociedades de distintos tamaños. También sobre los […]
Me gustaMe gusta
[…] el individuo, sobre lo que es una sociedad, la necesidad de resolver conflictos dentro de esta, los elementos corruptores o los polos ideológicos izquierda-derecha más típicos (y […]
Me gustaMe gusta
[…] es la maldad subyacente en todo esto? Como ya comentamos en este otro artículo, en una sociedad pueden existir individuos que decidan dañar lo colectivo para conducir a los […]
Me gustaMe gusta
[…] este artículo trataba el tema de la «entropía», entendida como el proceso de degradación progresiva de los […]
Me gustaMe gusta