El otro día tenía un debate muy interesante (y preocupante) sobre el límite de lo que uno puede hacer con su propio cuerpo y su propia vida. El origen del debate estaba en la red social Kick (no voy a enlazarla por un tema de principios) donde a la gente le pagan por hacer verdaderas atrocidades como, por ejemplo, beberse su propia orina delante de un público que no sé cómo calificar…
Una persona falleció en directo (prensa y referencia en Wikipedia), cosa que abrió el debate inmediato sobre la legalidad de una plataforma como esta, donde se puede abusar de personas vulnerables para que se autolesionen y dañen su dignidad en directo.
¿Son siempre personas vulnerables?
Este argumento lo veo de forma recurrente cuando se habla de cosas como el trabajo sexual, la gestación surrogada, el aborto o, por desgracia, sitios como Kick.
Creo que es bastante insano utilizar el argumento de «personas vulnerables» de forma frívola. No puede ser que las personas que hacen lo que no nos gusta sean siempre vulnerables.
En distintas conversaciones he escuchado a personas defender el empoderamiento femenino sobre su propio cuerpo con vehemencia, para negarlo inmediatamente después con el argumento de «es forzado» al decirles que si ese empoderamiento se extiende a que puedan decidir ser trabajadoras sexuales. Siempre emiten su opinión bajo el paraguas de que solamente las «personas vulnerables» pueden querer ese tipo de trabajo. Y nadie más.
Si ese argumento de «persona vulnerable» (y, en consecuencia, discapacitada para decidir por sí misma, ojo al matiz) sirve para negar el derecho de una mujer a elegir el trabajo sexual, ¿no pueden aplicar este mismo argumento los contrarios al aborto al explicar que ninguna mujer lo haría voluntariamente? ¿O a las personas homosexuales para decidir a quién quieren amar (o tener sexo con)?
¿Por qué en unos casos consideramos el vector en un sentido y en otros en el contrario? Personalmente creo que se implica el disgusto y el desagrado asociados al «sexo» (que todo lo enturbia).
Me preocupa que no se pueda razonar o debatir sobre dónde está el límite de lo que puedo decidir sobre mí mismo, porque siempre se recurre a que las «personas vulnerables» no tiene opción a decidir libremente. Por eso mi pregunta: todas, absolutamente todas, las personas que piden la eutanasia, reclaman el derecho a abortar, quieren ejercer el trabajo sexual, quieren transicionar a otro sexo y un largo etc. ¿son vulnerables? ¿O solamente son vulnerables las que considere conveniente para mis objetivos ideológicos?
¿No estamos trivializando para sostener nuestro argumento de forma monolítica?
Personalmente, voy a optar por obviar ese argumento de las «personas vulnerables» porque me parece una herramienta torticera y que aleja el foco de la cuestión esencial, que es la libertad individual y hasta dónde podemos/debemos tenerla.
Además, creo que es muy interesante centrar el debate en las mujeres, dado que históricamente han sido objeto de abusos sistemáticos por casi todos los sistemas y sociedades.
¿Qué debe incluir la libertad individual?
Es una pregunta que no tiene una respuesta exacta, porque no todos entendemos lo mismo por libertad y, sobre todo, por hasta dónde llega el límite de la individual.
En uno de los primeros artículos que publiqué en este sitio (aquí) esbozaba los ejes básicos contradictorios de «colectivismo» frente a «individualismo«.
Debe ser evidente que para una persona con pensamiento colectivista, las decisiones «libres» de los individuos deben supeditarse siempre a las necesidades del colectivo. Y viceversa, para una persona individualista, las necesidades del colectivo deben supeditarse siempre a las decisiones «libres» del individuo.
Imaginemos una sociedad tribal en una situación de stress, como pudo ser una población humana de hace doce mil años, justo antes de la entrada en el Holoceno; en este escenario los humanos vivían un retorno al clima glacial (Dryas Reciente). En esa sociedad podría haber ocurrido algo que desequilibrara la proporción de hombres y mujeres, derivando en un ratio de una mujer por cada diez hombres (estoy exagerando, obviamente).
Por un tema de mera supervivencia del grupo, podrían crearse leyes dentro de esa sociedad que permitieran, incentivaran u obligaran a las mujeres a tener que encadenar embarazos de distintos hombres de forma sistemática; referencia inmediata a «El cuento de la criada» que aunque es una distopía, hace muchas referencias a sociedades del pasado, con referencias constantes al Antiguo Testamento, entre otros. Aunque, importante, no es esta obra la primera en introducir el abuso sobre los derechos de las mujeres por motivos del control de la natalidad. «La mujer en la luna» de Hans Dominik ya era muy explícito sobre esto (las mujeres eran meros recipientes para dar a luz).
Esto que, espero, nos tiene que generar repugnancia y rechazo, ha sido una dinámica de sociedades con pocas opciones reproductivas y poca variabilidad genética. Hay un ejemplo bastante atroz en la isla de Pitcairn y los herederos de Fletcher Christian (el de «Rebelión a bordo»).
La huida de Christian a las islas Pitcairn implicó seis hombres, once mujeres tahitianas y un bebé. Encerrados en una comunidad aislada y geográficamente distante (mapa), dos familias con apellidos relevantes (Christian, naturalmente, y Young) heredan sistemáticamente posiciones de poder y, además, comportamientos de abusos a niñas de entre diez y once años (https://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_las_Islas_Pitcairn, apartado «Acontecimientos recientes»). Aquí, además, aplica el Efecto Fundador del que hablaremos más adelante.
También en distintas culturas, en distintas épocas, se ha incentivado la poligamia (sobre todo la poliginia, que era una común en multitud de sociedades y no exclusiva de ninguna), práctica en la que, en mi opinión, descubrimos un imperativo biológico-reproductivo: la necesidad de hacer crecer el grupo. Es curioso que también ha existido la poliandria en distintas culturas, aunque en menor medida (https://es.wikipedia.org/wiki/Poligamia).
Si me lo permiten, quiero centrarme un momento en la poligamia en los mormones, porque creo que promover esa práctica por parte de Joseph Smith (según él, por una revelación el 17 de julio de 1831) tenía un interés premeditado en aumentar el número de miembros de esta iglesia y, además, centrado en hombres concretos que lo «merecían». Un doble movimiento estratégico: aumentar las probabilidades de tener más miembros en la iglesia siendo, además, hijos de afines (o de hombres meritorios, si optamos por valorarlo como algo decidido honradamente).
Es graciosa la historia, porque la esposa de Smith, Emma, rechazó radicalmente que este hubiera propuesto o practicado la poligamia, mientras que Brigham Young defendió todo lo contrario (Young tuvo 51 esposas) y esto provocó un cisma y DOS iglesias mormonas: la de Jesucristo de los Santos de los últimos días, bajo Young, y la Iglesia RLDS, bajo Emma Smith.
Todo sea dicho que, actualmente, la postura oficial y formal de los mormones es declarar la poligamia una práctica ilegal, aunque haya excepciones de mormones fundamentalistas que la defiendan: https://es.wikipedia.org/wiki/Mormonismo_y_poligamia
Las explicaciones anteriores sobre la idea de la poligamia (centradas, particularmente, en la poliginia) nos deben llevar a la pregunta que da título a esta sección: ¿cuánta libertad individual puede tener una mujer como para decidir no casarse y/o tener hijos si no quiere?
Desde un punto de vista colectivista y, en interés de la supervivencia del grupo, las mujeres podrían verse obligadas a aceptar quedarse embarazadas sistemáticamente (de nuevo, «El cuento de la criada»), independiente de lo que deseen, de si su orientación sexual les provoca una situación terrible para engendrar hijos y cualquier otro motivo personal… que deberá someterse a la necesidad colectiva.
Desde un punto de vista individualista, las mujeres ejerciendo su soberanía y autodeterminación serían plenamente libres de decidir lo que quisieran, incluso, aunque eso pueda suponer un riesgo para la viabilidad de una comunidad que necesitaría tener más neonatos.
Hay un detalle importante por el que hemos pasado muy rápido: la variabilidad genética.
En comunidades cerradas impactadas por el Efecto Fundador, pueden producirse, además, otras consecuencias desagradables, porque uno de los mecanismos para aumentar la variabilidad genética de esa comunidad puede ser el secuestro de mujeres de otras comunidades (también el de hombres, como se supone en el mito de las Amazonas, aunque es un tema anecdótico).
Entremos en temas sensibles como el aborto. ¿Hasta dónde puede una mujer individualmente decidir terminar con un embarazo? En sociedades más tribales y tensionadas como he mencionado antes esto, con total probabilidad, sería impensable (aunque, también con total seguridad, fuera una práctica secreta controlada entre mujeres y matronas).
En sociedades modernas y más civilizadas, donde los ciudadanos reclamamos más libertad individual, el conflicto persiste, aunque progresivamente evoluciona hacia la autonomía plena de las mujeres. Si miramos con atención, veremos que los grupos más agresivamente antiabortistas son los religiosos (colectivistas-idealistas).
los grupos más agresivamente antiabortistas son los religiosos (colectivistas-idealistas)
Por lo que, de nuevo, la sombra del colectivo y la necesidad común busca imponerse sobre la decisión individual. Lanzo una pregunta abierta al lector: este caso del aborto, ¿es más sencillo o menos sencillo de tratar que el de la eutanasia?
En mi caso, a veces creo que es más fácil el debate sobre la eutanasia y otras creo lo contrario.
Diferencia entre aborto y eutanasia
Por matizar, simplemente.
Cuando hablamos de aborto se reclama el derecho de una persona a decidir sobre su propio cuerpo, con el matiz de que, a su vez, es gestante de otra criatura biológica (a la que, intencionadamente, no voy a llamar persona. Lo explicaré más adelante).
Cuando hablamos de eutanasia se reclama el derecho de una persona a decidir sobre su propio cuerpo, con el matiz de que se refiere a terminar voluntariamente y de manera definitiva con su vida.
En ambos escenarios hablamos de un individuo, con una decisión con perspectiva individualista, que toma decisiones sobre la integridad física de su propio cuerpo: en el primer caso es una decisión con consecuencias temporales y en el segundo definitivas.
Hay muchos argumentos de todo tipo en favor y en contra de ambos derechos individuales. Muchos de ellos originados por perspectivas religiosas (colectivistas-idealistas, recordemos).
Dado que yo soy individualista-materialista, primero voy a exponer mis argumentos (que tengo a favor y en contra), para luego contrastarlos con otras visiones. Primero sobre el aborto con decisión exclusiva de la persona gestante:
- A FAVOR: todo lo que atañe a un individuo sin dañar a terceros, debe ser competencia estricta y única del individuo.
- EN CONTRA: un embarazo es cosa de dos personas. ¿Qué ocurre si una de las partes quiere abortar y la otra no? Es evidente que sí o sí debe primar la voluntad de la persona gestante, dado que es su cuerpo el que va a sufrir los efectos de la decisión. ¿Qué ocurre si la otra parte es la que quiere abortar, pero la gestante no? ¿Qué ocurre si la gestante quiere abortar, pero la otra parte no? En ambas situaciones, respetando igualmente los derechos individuales, ¿no debería existir una compensación o elemento de justicia para la otra parte? Simplemente como elemento matizador de un posible límite (o no) de la decisión individual.
- A FAVOR: ¿recuerdan que he dicho que iba a evitar el término persona? Según lo que reza el artículo 30 del Código Civil, se establece que «la personalidad se adquiere en el momento del nacimiento con vida, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno«. Nos puede parecer bien o mal, pero la ley vigente en España en este momento indica que ANTES del nacimiento con vida y sin el ENTERO desprendimiento del seno materno, no se te acredita con personalidad jurídica. Es decir, no eres persona. Entiendo lo ofensivo que puede resultar esto para personas religiosas, simplemente debo recordar que creencias tenemos todos, pero que las únicas reglas que estrictamente regulan la convivencia son las que marca la ley.
- EN CONTRA: cualquier humano, potencialmente, es capaz de hacer cosas alucinantes. Suspender el proceso de crear una persona, inevitablemente, va a cortar opciones y posibilidades que podrían haber sido maravillosas. Este es un argumento meramente emocional, dado que el resultado podría ser todo lo contrario, un dictador maníaco y criminal.
Sobre el Artículo 30 del CC, las reflexiones de este artículo (aquí) me han parecido bastante interesantes.
En el caso de la eutanasia, para mí es más fácil posicionarme:
- A FAVOR: todo lo que atañe a un individuo sin dañar a terceros, debe ser competencia estricta y única del individuo.
No encuentro argumento alguno que me lleve a valorar el poder impedirle a una persona que decida lo que quiera sobre su vida, incluyendo acabar con ella. He pensado largamente sobre ello y, a pesar de que he evaluado ideas como la responsabilidad económica o del cuidado de los hijos, ninguna de esas obligaciones puede competir con la libre voluntad sobre uno mismo (se puede decidir abandonar a los hijos, se puede decidir no atender las obligaciones económicas… cómo no se va a poder decidir hacer lo que uno quiera con su cuerpo).
Adicionalmente, he escuchado a distintas personas argumentar que alguien que busca su propia muerte (autolisis, usando el término médico) tiene que estar enajeado por fuerza, sin ninguna otra opción para decidir nada voluntariamente. Argumento que se parece sospechosamente al que se utiliza para rechazar que alguien pueda ejercer la prostitución de manera voluntaria.
Creo que es MUY peligroso que un grupo o una Élite (gobierno, grupos de presión…) puedan ponerse por encima de las decisiones individuales, porque si esto fuera así, podrían determinar que casi cualquier decisión ideológica puede estar «enajenada» y poder declararse incompetente.
¿Y autolesionarse o dañarse de cualquier forma?
¿Me ampara mi derecho a decidir sobre mi propia vida y mi cuerpo si quiero hacerme daño? Ya no hablo de matarme, sino de «hacerme daño a mí mismo».
Imaginemos que en pleno uso de mis facultades, decidiendo de forma totalmente voluntaria y sin presión externa de ningún tipo (es decir, no estoy en forma alguna en situación de vulnerabilidad) me hago daño a mí mismo.
¿Puedo hacerlo? ¿No puedo hacerlo?
Si asumimos la posición de un individuo no puede hacerse daño a sí mismo (ni permitir que otros lo hagan, incluso con consentimiento) entramos en un territorio oscuro, porque hay mucha gente en el mundo cuya forma de disfrutar tiene que ver con el BDSM (https://es.wikipedia.org/wiki/BDSM). Las prácticas contenidas dentro de esas siglas tienen que ver con Bondage/Disciplina, Dominación/Sumisión, Sadismo/Masoquismo.
Voy a anticiparme y a dejar meridianamente claro que este tipo de parafilias no son ningún de transtorno, enfermedad o comportamiento aberrante: de hecho el término que se usa actualmente es sexualidades alternativas, porque el término parafilia tiene cierta connotación negativa.
El DSM-5 que es la referencia formal para categorizar algo como enfermedad o transtorno dice que las sexualidades alternativas relacionadas con BDSM se consideran parafilias: «si se establecen relaciones no consensuales o con personas que no tienen la edad legal para consentir, o causan estrés personal que no provenga de la desaprobación social«.
El CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades) en su versión 10 mantiene todavía estas sexualidades alternativas como enfermedades, pero, gran noticia, en el CIE-11 (https://es.wikipedia.org/wiki/CIE-11) se marcan ya como «abandonadas» en las definiciones «6D36 Paraphilic disorder involving solitary behaviour or consenting individuals«.
Es decir, estas referencias evolucionan hacia el reconocimiento de que dos adultos decidiendo con consenso, no necesariamente tienen por qué estar enfermos o padecer transtornos.
Así que, si me hago daño sabiendo lo que hago y decidiendo libremente (práctica masoquista) NO tengo un transtorno, ni se me puede considerar enajenado ni, obligado a hacerlo. Adicionalmente, si existe consenso con otro adulto responsable, podría entrar una sexualidad alternativa conocida como sadomasoquismo donde otro me hace daño a mí con mi consentimiento.
Y, de nuevo, vuelvo a lanzar la pregunta: ¿puedo hacerlo? ¿Puedo no hacerlo?
No es fácil responder porque… si asumimos que un adulto responsable, con conocimiento racional de lo que hace puede «hacerse daño»… ¿también debemos permitir el trastorno de identidad de la integridad corporal (https://es.wikipedia.org/wiki/Desorden_de_identidad_de_la_integridad_corporal)?
Aquí el debate puede ser eterno sobre si una persona con este desorden está o no capacitadas para decidir sobre si puede o no mutilarse a sí misma. Personalmente veo una diferencia esencial que, sinceramente, no sé si es una justificación suficiente para darle otro tratamiento: si es algo definitivo.
Si tratas de hacerte daño de forma definitiva e irreversible, personalmente creo que deberían existir mecanismos en la sociedad que te lo impidan (por eso me posiciono en individualismo 80% y no 100%, entre otras razones). Es decir, si quiero amputarme un miembro sano o que otra persona me lo ampute, la Sociedad debería tener mecanismos que me lo impidan.
El problema es que mi postura es incongruente con que también estoy a favor de que cada uno decida sobre su propia vida, es decir, que pueda elegir voluntariamente acabar con ella (lo que sería la máxima expresión de lo que acabo de decir que debería negarse desde la sociedad).
En menor medida, también es incongruente con, por ejemplo, hacerse una perforación estética en el cuerpo, dado que podría ser permanente y, naturalmente, estoy completamente a favor de que cada uno haga lo que considere en esa materia.
Es un tema MUY complicado, no puede resolverse de una manera que pueda satisfacer a todos (ni siquiera encuentro una forma que me convenza del todo a mí). Sí creo que, como con todo, el criterio que las sociedades deben seguir es a favor de la independencia del individuo en todo lo posible: mientras el individuo cumpla sus deberes para con el colectivo y no haga daño a otros individuos, la regla debe ser inmiscuirse lo menos posible en lo que decida.
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