En el artículo previo (aquí) hemos tratado el tema de los recursos y cómo estos pueden estar controlados de forma individual (propiedad privada) o de forma colectiva (propiedad pública).
La única forma en la que las sociedades complejas pueden afrontar situaciones de crisis que amenacen los recursos es respondiendo colectivamente, no de manera individual. Esto, creo, es un punto común a todos los idearios, sean colectivistas o individualistas.
En el texto anterior intentamos, sin éxito, decidir cuánto porcentaje de propiedad de recursos debe estar bajo control colectivo. Obtener esa cifra en este momento me parece imposible y trataré de volver sobre el tema posteriormente.
Lo que sí creo que vale la pena evaluar es qué áreas de la propiedad de los recursos deben tener control público.
Recursos críticos para la supervivencia (inmediata)
El matiz con la palabra inmediata nos ciñe a recursos que necesitamos para sobrevivir en el muy corto plazo (agua y comida, por ejemplo).
Imaginemos una sociedad en la que hay tres individuos y uno de ellos tiene el control exclusivo del agua.
¿Cómo van a afrontar los otros dos individuos su supervivencia siendo conscientes de que esta cae bajo el control directo del tercero? ¿Qué pasa si se enfada conmigo y me retira el acceso y me deshidrato? ¿Qué ocurre si decide establecer costes abusivos de «peaje» para acceder al agua (esta es una práctica real que establecen sociedades sobre otras sociedades para someterlas)?
Una forma de enfocar esta situación es que cada uno de los individuos controlara un recurso crítico independientemente. En este escenario podríamos tener un supuesto equilibrio, dado que si el Individuo 1 decide cortar el agua, el Individuo 2 podría cortarle el alimento y el Individuo 3 la calefacción.
¿Observan la problemática? El agua es mucho más crítica que el alimento: podemos sobrevivir más de un mes sin comer, pero no más de tres-cuatro días sin agua. Y, si estamos en verano, el Individuo 3 no tiene poder alguno sobre los otros dos, dado que su recurso no es necesario en ese momento.
Así que hay recursos que son mucho más críticos que otros y que, en mi opinión, nunca deberían estar sujetos a intereses individuales que podrían tomar ventaja sobre el resto de los ciudadanos a través del control y el racionamiento.
Se abre otro problema complejo aquí que introduce confusión: imaginemos que nos enfrentamos a una decisión en la que debemos decidir entre la supervivencia de toda la sociedad o la supervivencia de un individuo concreto. ¿Puede el colectivo sacrificar al individuo para hacer sobrevivir a la sociedad?
Llevado al terreno del control de los recursos: ¿puede el colectivo quitar un recurso a un individuo porque se considera necesario para la supervivencia de la sociedad? ¿En qué momento puede hacerlo?
La pregunta sobre el momento es relevante:
- ANTES de que el individuo acepte someterse a las reglas de la sociedad, se le comunica que deberá entregar recursos que controla, porque se consideran necesarios para la supervivencia.
- DURANTE la vida del individuo dentro de la sociedad, se produce una situación de crisis y el colectivo necesita reclamar recursos del individuo para garantizar la supervivencia de todo el colectivo.
- TRAS la vida del individuo dentro de la sociedad (fallecimiento o abandono de esta) el colectivo toma una decisión sobre sus recursos.
Cada etapa genera una problemática distinta.
- En el «ANTES», el individuo conoce las reglas del juego y puede decidir no aceptarlas. De alguna manera, podemos hablar de que hay una decisión «justa».
- En el «DURANTE», la situación es muy grave, porque el individuo aceptó cumplir las normas de la sociedad a cambio de que esta le garantizara una serie de cosas que, en este momento, ya no va a garantizar. Es decir, el colectivo por un motivo de supervivencia va a vulnerar derechos adquiridos por un individuo.
- En el «TRAS» la situación no es más sencilla, dado que el individuo puede tener herederos que reclamen los recursos por un proceso de sucesiones. ¿El colectivo los va a recuperar automáticamente mediante un proceso de expropiación?
La cuestión de fondo que hay tras todo esto es, hasta qué punto puede el individualismo retener sus derechos cuando el colectivo está amenazado, frente a qué límites tiene el colectivo para garantizar su propia supervivencia vulnerando los derechos de un individuo.
Recursos no críticos para la supervivencia (inmediata)
Estos son recursos que no van a implicar un daño para el individuo o para el colectivo a muy corto plazo, pero podrían provocarlo a medio-largo plazos. Para mí ejemplos evidentes son la sanidad o la educación.
Qué ocurre si el colectivo no cuenta con médicos o instalaciones sanitarias para tratar a los individuos, sino que son los individuos, uno a uno, los que cuentan con los recursos para tratarse a sí mismos.
Imaginemos que un individuo en solitario pudiera costear un médico y unas instalaciones sanitarias. Según un punto de vista crudamente individualista no tendría que ceder esos recursos a ningún otro individuo.
¿Qué ocurriría si aparece una pandemia? ¿Puede el individuo oponerse a que se utilicen sus recursos médicos porque son de su propiedad? Es una pregunta muy compleja para la que mucha gente tiene respuestas fáciles (y emocionales).
Las personas con tendencia colectivista muy probablemente considerarán que ningún individuo debe tener la posibilidad de concentrar recursos médicos de forma privada. O, que si existe esa posibilidad, siempre deberá estar regulada por la necesidad del colectivo (seguro que les suena esta situación).
¿Cómo debemos tratar estas situaciones?
Me hace gracia la forma en que unos y otros, colectivistas e individualistas, se hacen trampas a sí mismos con este asunto.
Son muy contados los casos donde un individuo puede costear por sí solo los costes médicos (los reales) que le den las máximas garantías de supervivencia. Solamente hay que saber sumar y restar para entender esto. Defender una postura que niega esta realidad es, simplemente, argumentar desde una postura irrenunciable que no tiene interés en llegar a acuerdos reales, sino obtener ventaja.
Por otro lado, cuando todos los servicios médicos están controlados por el colectivo, ¿qué impide a este decidir que unos u otros individuos deben morir porque no hay recursos suficientes para tratarlo todo? Por ejemplo, enfermedades raras que afectan a muy pocos individuos y cuyo coste de tratamiento podría poner en peligro otros recursos para defender al colectivo. Siempre es muy fácil encontrar una excusa colectiva para que un individuo concreto deba sacrificarse.
Si yo fuera un individuo, nunca querría formar parte de una sociedad que pudiera hacerme esto.
Y tampoco querría que individuos con ese perfil antisocial («no tengo que pagarle la salud a los demás») formaran parte de la sociedad en la que vivo.
¿Cómo resolvemos el problema? Sí, evidentemente con un equilibrio entre los recursos médicos que están garantizados para todos los miembros del colectivo y los que cada individuo puede costearse de forma privada.
¿Cuál es la maldad subyacente en todo esto? Como ya comentamos en este otro artículo, en una sociedad pueden existir individuos que decidan dañar lo colectivo para conducir a los individuos a consumir servicios privados que ellos ofrecen. Y, si son capaces de influir sobre los gestores («representantes») de los bienes de la sociedad, podrían alterar el equilibrio.
Y esto con algo tan evidente como los recursos de salud que, no son críticos de forma inmediata, pero sí lo son a medio-largo plazo.
¿Qué ocurre con recursos como la educación? No es un recurso absolutamente vital en un plazo inmediato, pero sí lo es a medio-largo plazo, aunque de una forma mucho más abstracta que el tema médico.
La pregunta esencial es, ¿qué ocurre si solamente unos cuantos individuos con control de recursos privados pueden costear la educación de calidad?
Imaginemos que no hay educación colectiva, sino individual y controlada por cada individuo como recurso. ¿Qué ocurre si dos individuos tuvieron una disputa en el pasado e individualmente cada uno educa a sus hijos odiando al otro, explicando solamente su versión de la historia?
¿Qué ocurre si todos los individuos de un colectivo son idealistas-religiosos menos uno que es materialista? ¿Van a permitir los idealistas-religiosos que se individuo suelto eduque a sus hijos en «ideas heréticas»? ¿Y viceversa? Imaginemos a todos materialistas menos uno, que es idealista-religioso…
Y todo puede ser mucho más complejo y difícil de gestionar, porque las sociedades son la mezcla de personas muy diversas que aúnan diferentes grados de visiones del mundo.
¿Cómo alcanzamos un equilibrio que garantice que la educación que se va a impartir tiene la calidad mínima suficiente? Si un individuo que controla el recurso de agua decide educar a sus hijos en algún tipo de idea mágica sobre una tierra prometida donde su linaje desciende del cielo y le otorga derechos especiales sobre el agua, ¿quién se lo va a impedir?
Ahora veamos el otro extremo, donde la educación está totalmente controlada por el colectivo. Este escenario es letal para los individuos que puedan tener ideas divergentes, porque el colectivo nunca va a permitir que una idea que amenaza su estabilidad pueda enseñarse (tenemos muchos ejemplos en distintas sociedades). Y también es letal para la innovación y la investigación de formas nuevas de hacer las cosas porque, casi siempre, estas iniciativas provienen de individuos díscolos.
Hay un ejemplo que a mí siempre me ha obsesionado: Ignaz Semmelweis.
A pesar de que Semmelweis había demostrado que, lavándose las manos antes de intervenir en partos se reducía la mortalidad radicalmente, la opinión médica vigente en aquella época lo descartó. Además, distintos médicos de renombre se sintieron insultados porque este «loco» pudiera sugerir siquiera que ellos eran los responsables de las muertes de las embarazadas.
No hay que engañarse. El corporativismo y la resistencia a las ideas nuevas también impacta en los estamentos científicos y médicos. Por este mismo problema Arthur C. Clarke enunció su primera ley: «Cuando un científico distinguido pero de edad avanzada afirma que algo es posible, es casi seguro que tiene razón. Cuando afirma que algo es imposible, es casi seguro que está equivocado«.
Así que, dejar la educación en manos de un colectivo que, por una parte, puede querer perpetuar su propia mitología fundacional («somos el pueblo elegido de los dioses») y que muy posiblemente va a desplegar «anticuerpos» (ya hablaremos de este concepto de los anticuerpos de la sociedad) contra todo lo que pueda amenazar su estabilidad… ¿es buena idea?
Conclusiones
Me he extendido bastante más de lo que quería y creo que es buena idea dejarlo en este punto.
Entre las distintas reflexiones y conclusiones creo importante resaltar que debemos tener un equilibrio racional entre los recursos (del tipo que sean) que se controlan desde lo colectivo y los que se controlan de forma privada.
De otra forma, caemos en distintos desequilibrios que tenderán a degradar el funcionamiento de la sociedad que, se supone, que queremos proteger.
Y, una vez más, no tenemos una respuesta clara a cuáles deben ser las proporciones de uno o de otro tipo de propiedad. Solamente sabemos racionalmente que deben estar equilibradas entre sí.