A lo largo de distintos artículos he ido mencionando este concepto de «anticuerpos» que las sociedades despliegan para protegerse. Quiero explicarlo y, de paso, introducir distintas preocupaciones asociadas con ello.

Imaginemos que una sociedad funciona. Con defectos, como todas las sociedades, pero se sostiene y crece, con calidad de vida para los miembros de este colectivo.

¿Cómo sobreviven los sistemas?

En este artículo trataba el tema de la «entropía», entendida como el proceso de degradación progresiva de los sistemas si no les aplicamos acciones correctivas. Es decir, mantenimiento.

Los sistemas o procesos sin una planificación que lleve a vigilar los puntos donde pueden degradarse, terminan convirtiéndose en modelos corruptos. Por ejemplo, un proceso de cobro de impuestos donde se asume la culpabilidad por defecto del contribuyente, sí o sí se convertirá en un sistema de abuso fiscal sobre el ciudadano. Si no hay cortapisas legales basadas en el derecho fundamental de esa sociedad, los individuos se enfrentarán a un sistema corrupto que engañará para forzar el tributo. Con el agravante de que, sistemáticamente, se decidirá que el tributo debe ser cada vez mayor al no existir contrapesos que obliguen a este sistema a contenerse.

Ojo que en mi caso personal soy un absoluto defensor de tributar el 50% de las ganancias. Creo en los impuestos como mecanismo de defensa de la Sociedad. Simplemente ilustro cómo un sistema que no tiene controles, termina convirtiéndose en algo dañino para los individuos y, en última instancia, para el colectivo (que es la suma de los individuos, naturalmente).

Podemos citar la famosa frase de Juvenal: «¿Quién vigila a los vigilantes?», lo que nos llevaría a otro sistema (el policial) que, sin los adecuados mecanismos de contrapeso y control, le daría todo el poder de usar armas y violencia a individuos que podrían usarlo bien… o mal.

Por otro lado, un exceso de celo vigilando las actividades de un sistema o proceso, lo entorpecerá, llenándolo de trabas y de obstáculos para realizar su función. En el caso del proceso fiscal, haciendo imposible obligar a tributar a los expertos en evasión y, en el caso del proceso policial, haciendo imposible la captura de criminales y, en consecuencia, exponiendo a la Sociedad a sus actividades.

Así que, asumiendo que todos los sistemas deben contar con mecanismos de control (para limitar lo que pueden hacer) y de calidad (para hacer efectivo la ejecución del proceso), ¿cómo sobrevive un sistema teniendo que seguir estos dos criterios a la vez?

Lo primero de todo, hemos de abandonar la falacia de la dicotomía entre seguridad y libertad. Es llamativo observar cómo siempre se esgrime este argumento tan pobre sobre que es necesario sacrificar libertad para obtener seguridad. Benjamin Franklin lo resumió magistralmente en esta cita: “Quien renuncia a su libertad por seguridad, no merece ni libertad ni seguridad”.

En el caso del proceso de tributos, con la excusa de que los individuos (he elegido intencionadamente individuo y no ciudadano) van a defraudar, intentaríamos superar los límites que nos han aplicado desde control para mejorar nuestra calidad en el proceso de recaudación. Esto es una realidad que podemos ver en los sistemas impositivos de cualquier país.

La respuesta evidente, para cualquiera que lo piense un poco, es que entre los requisitos de calidad debe estar el de control… o no. Si el requisito de control estuviera dentro del proceso de calidad, muy probablemente las personas que dirigen el proceso lo debilitarían intencionadamente, porque aplicar control reduciría muy posiblemente su capacidad de extraer el tributo.

Si el requisito de control estuviera dentro del proceso de calidad, muy probablemente las personas que dirigen el proceso lo debilitarían intencionadamente

La Sociedad como una suma de sistemas

Una sociedad conforme va creciendo va añadiendo más procesos y sistemas a su funcionamiento.

Atendiendo a lo que hemos comentado previamente sobre el equilibrio entre control y calidad de los sistemas, imaginemos la complejidad de que cada sistema o proceso dentro de una sociedad tenga que mantenerse «equilibrado».

Por ejemplo, ¿cómo garantiza la sociedad que se va a obedecer el criterio técnico de los que se encargan del proceso de salud? Estableciendo criterios inapelables que otorguen la autoridad a una serie de personas que los pasan y terminan formando parte del proceso.

Imaginemos que un individuo disidente decide cuestionar:

  1. A los expertos en salud individualmente.
  2. A los expertos en salud colectivamente, conectando con el siguiente punto.
  3. El proceso de acreditación y criterios «inapelables».
  4. El sistema completo.

Se abre la puerta a que, incluso habiendo establecido criterios técnicos, existan individuos o grupos de individuos que los ignoren o los nieguen, decidiendo atacar al proceso o sistema.

Las amenazas individualmente tienen sus mecanismos de protección concretos. Ante un cuestionamiento individual (punto 1), el sistema puede responder colectivamente para anticiparse a cuestionamientos futuros y disuadir a otros elementos disidentes (corporativismo).

Pero cuando las amenazas tienen que ver con los puntos 3 a 4 pueden dañar el sistema completo, por lo que las reacciones suelen ser más duras y agresivas.

Y aquí es donde entran los anticuerpos.

La Sociedad como un ente «vivo»

Si miramos a las sociedades como entidades vivientes (Platón compara la polis con un organismo humano, Aristóteles llama al estado llama «ser natural» nacido de la tendencia de los humanos a asociarse, Tomás de Aquino lo describe como un cuerpo cuya cabeza es el rey, por supuesto, Hobbes lo llama Leviatán, un gigante cuyo cuerpo se compone de todos los ciudadanos y, más reciente Luhmann lo considera autopoiético) podemos atribuirles características tales como velar por su propia supervivencia.

Si el estado (o un sistema) se siente amenazado por un elemento, puede tomar acción contra este. Por ejemplo, policialmente o militarmente si puede justificar esta reacción ante la amenaza (leyes, declaraciones de guerra…).

¿Qué ocurre cuando hay individuos o grupos de individuos que pueden poner en jaque procesos, sistemas o la sociedad al completo? Que se desencadenan anticuerpos.

El sistema inmune de las sociedades

He elegido el ejemplo médico porque es muy sencillo de entender, tiene unas posiciones bastante claras y su cuestionamiento claramente implica distintos peligros para la sociedad (¿qué pasa si se rompe la confianza en los expertos en salud?).

Pero el sistema inmune de las sociedades, los anticuerpos, se desencadena en muchas circunstancias. Y en muchas ocasiones, sin que haya una decisión voluntaria de ningún individuo: ocurre porque los sistemas/estados quieren sobrevivir como si estuvieran vivos.

Ejemplos muy relevantes son las ideas anti-sistema. Claro, la gracia aquí es que, normalmente, se definen como anti-sistema por parte de agentes (anticuerpos) de un sistema.

Imaginemos una sociedad cuyas bases fundacionales parten de esa idea mítica de ser un pueblo elegido por mandato del cielo (hay muchas, incluyendo grandes potencias occidentales). Y ahora imaginemos que un grupo de individuos materialistas (niegan la existencia de lo divino) cuestionan abiertamente esas bases fundacionales.

La reacción se va a producir en distintos momentos temporales, incluyendo ANTES de que se produzca este cuestionamiento. Llamemos «T 0» al momento en que se cuestionan esas bases:

  • T -1: es decir, antes del cuestionamiento, el esfuerzo de la sociedad desde el punto de vista colectivo será el de inculcar (adoctrinar) a los estudiantes en esa historia fundacional conectada con lo divino. O, por ejemplo, repitiendo mantras como «la democracia es el menos malo de los sistemas» (puede ser verdad o no, pero es adoctrinamiento). Además, se educa al individuo en que cuestionar esto es indeseable, apelando al sesgo de deseabilidad social que sentimos todos, disuadiendo y conteniendo los comportamientos disidentes.
  • T 0: en el momento de producirse el cuestionamiento. Se pueden retorcer las leyes haciendo una interpretación que permita utilizar fuerza policial contra los disidentes (aunque no sea realmente legal). Esto ha ocurrido y ocurre en casi todas las democracias existentes, ni que decir tiene lo que ocurre en países no democráticos. Se persigue con herramientas que, además, el individuo no puede tener, dado que cedemos el uso exclusivo de la fuerza al colectivo (al Estado). Adicionalmente, al convivir con individuos a los que en «T -1» se las ha inculcado un pensamiento «deseable», estos reaccionan como anticuerpos atacando al disidente porque es «indeseable» socialmente.
  • T +1: en etapa posterior, además, se añade un estigma socialmente visible, de forma que el mecanismos inmune puede prevenir futuros comportamientos «indeseables» por parte de estos disidentes. Peor todavía, se traslada la etiqueta de «indeseable» incluso a la descendencia y herederos del grupo disidente, en un intento de prevenir la influencia de esas ideas «heréticas» que podrían anular la educación colectiva adoctrinadora.

Las actuaciones en la etapa previa, imbuidas en el proceso educativo, se justifican plenamente porque hay que conocer la historia fundacional de la sociedad donde vives. Es algo totalmente necesario y razonable. El problema es trazar la frontera entre conocer tu historia y ser adoctrinado en ella. Es difícil gestionar esto.

Las actuaciones durante el proceso disidente («T 0«) en muchos casos surgirán espontáneamente, promovidas por individuos que fueron adoctrinados y reaccionan con agresividad contra comportamientos que consideran «indeseables». Estos, a su vez, provocarán un efecto dominó que, si tiene la suficiente fuerza, terminará obligando a los procesos y sistemas de la sociedad a activar sus anticuerpos y, muy probablemente, terminarán usando leyes o el poder para anular la disidencia.

En etapa posterior, salvo que la disidencia haya vencido y ganado el corazón de la mayor parte de los miembros del colectivo, el estigma de «indeseables» los anulará (y a sus descendientes, recordemos) para evitar efectos futuros.

«Exagera usted«, dirán. Pero no hace tanto tiempo que era ilegal que las mujeres votaran, y se abrieron conflictos importantes incluyendo violencia contra las y los sufragistas, que los negros no podían utilizar los baños públicos «de blancos» o que los homosexuales no se podían casar.

Todos son ejemplos de cómo los sistemas despliegan su sistema inmune, sus anticuerpos, para anular la disidencia frente a ideas o valores o formas de hacer que se consideran verdaderos.

Imaginen que, además, sumamos los intereses sobre los recursos, es decir, que un grupo disidente cuestiona ideas fundacionales de una sociedad y, dentro de este cuestionamiento, derechos especiales de propiedad (¿recuerdan los aristócratas en la Revolución Francesa?).

Una sociedad perspicaz

¿Qué considero yo una sociedad perspicaz? Aquella que es consciente de que, sin herramientas que vigilen los procesos autoinmunes, la sociedad va a sufrir daños y degradarse progresivamente.

¿Qué son procesos autoinmunes en este contexto? Son las respuestas negativas y agresivas al cuestionamiento de las bases fundacionales.

Una sociedad perspicaz permitirá cierta cantidad de cuestionamiento. Porque será consciente de que la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas, a cambios que pueden ser drásticos en un ecosistema, depende de la capacidad de innovar y esta, a su vez, de la capacidad de cuestionar verdades heredadas que se dan por supuestas (en resumen, la disidencia).

La siguiente pregunta, claro, es… ¿cuánta cantidad de disidencia se debe tolerar?

Omnes Omnibus

Reflexiona sobre tus Derechos y sobre tus Deberes si quieres vivir en Sociedad sin abusar de nadie y, sobre todo, sin que abusen de ti.

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